Hermanas de María
de Schoenstatt

Nuestra vocación

Las Hermanas de María de Schoenstatt, como nuestro nombre lo indica, estamos llamadas a ser una presencia viva de María en la Iglesia y en el mundo. Esto significa vivir, trabajar y servir a las personas como lo hizo Ella, en íntima unión a Cristo.

Así como la Santísima Virgen ayudó al Señor en el establecimiento del Reino de Dios, nosotras también queremos ayudar a que muchos descubran el rostro de Cristo, y así, desde el carisma de Schoenstatt, colaborar en la construcción del Reino de Dios en todas partes.

Sólo podemos alcanzar este ideal en la fuerza de la Alianza de Amor con María, nuestra Madre, Reina y Educadora. El Santuario de Schoenstatt es nuestro hogar espiritual, fuente de vida de nuestra espiritualidad y de nuestra entrega.

Nuestra comunidad está constituida como Instituto Secular.

Cuando, en 1926, el Padre Kentenich fundó la comunidad de las Hermanas de María de Schoenstatt, no la pensó como una congregación o una orden, pero aún no existía en la Iglesia el marco jurídico adecuado. En 1947, con la promulgación de la Constitución Provida Mater Ecclesiae, las Hermanas reciben la base jurídica para constituirse como instituto secular.

Así definía el Padre Kentenich la novedad de nuestro ser consagrado para la Iglesia: “Queremos ser un eslabón entre religiosos y laicos. Por lo tanto, no queremos ser religiosos según el estilo de vida acostumbrado, pero tampoco ser del mundo, es decir, tan mundanos como el mundo que nos rodea... Por lo tanto, estamos inmersos en ambos mundos. Nos asemejamos a los laicos nobles, pero también pertenecemos a la vida religiosa.” (P. J. Kentenich, 1951, La llave para entender Schoenstatt)

La semejanza con los laicos, el Padre Kentenich la vio en especial en la misión de la comunidad en medio del mundo y en el tipo de vínculo de derecho natural: las Hermanas como comunidad no emiten votos, sino que sellan un contrato-consagración que las une a la comunidad y a Dios. La semejanza con los religiosos está dada por la elevada aspiración a la santidad en el sentido de los consejos evangélicos. Por lo tanto, el Instituto pertenece, como ellos, al “estado de vida consagrada” (Cfr. Código de Derecho Canónico, Can. 588, 1).

El Padre Kentenich quiso que las Hermanas de María nos caracterizáramos por cuatro cualidades:

  • un espíritu mariano: el amor a María es parte esencial de nuestro carisma, un amor que nos une y nos asemeja a Ella. Nuestro fundador nos animó a ser “siempre María”, en nuestros pensamientos, palabras y acciones, en cada momento del día.
  • un espíritu de amor generoso: María es la encarnación de la libertad llena de amor y de la generosidad alegre que responde a cada instante con un “sí” a los deseos de Dios, tanto en los momentos de gozo como de cruz, ya que su fe filial sabe descubrir el amor de Dios detrás de todos los acontecimientos.
  • un espíritu apostólico: en el fuego de la misión de Schoenstatt: la misión de Schoenstatt es la razón de nuestra existencia. Nacimos para ser alma del Movimiento de Schoenstatt, por eso nuestros corazones arden por la misión que la Madre tres veces Admirable tiene desde sus Santuarios para la renovación del mundo en Cristo. El amor de Cristo nos apremia a llevar su mensaje de salvación al mundo entero en todas las situaciones posibles. Por medio de nuestro carisma, queremos ser, como María, corazón de de la Iglesia.
  • un espíritu comunitario: Schoenstatt tiene una misión especial para la renovación de la vida familiar, por eso nuestra comunidad de Hermanas fue fundada como una familia.

Asimismo, nuestra misión apostólica es tan grande, que sería imposible cumplirla de forma individual. De allí la importancia de que toda Hermana de María posea un marcado espíritu comunitario.